viernes, 6 de marzo de 2015

Los mantabike a Cañada Gil

Pasaba por aquí,como otras tantas veces, y, camino del punto de salida, me encontré con Rafa Contreras y su máquina de pedalear; así, que en compañía pasamos por Valerie, Santa María, la plaza de España (sin pararnos a leer las esquelas como acostumbra Paco correos, al que la garganta, el teatro y Quintana, han apartado hoy de rutear), la calle Virgen y llegamos al punto de encuentro. Sorprendidos por la algarabía que allí reinaba, ya de lejos escuchamos el grito de <<¡¡¡que no viene Emilio!!!>>. Abrazos, risotadas y voces que nos acompañaron los primeros kilómetros por las lomas cansinas en dirección al puente de La Pared. El que más cantaba y no se callaba era Jose el extecnólogo, no sabemos si de la alegría que le había dado Coro o del viagra para canarios que está probando en casa (al parecer al canario no le está haciendo mucho efecto, ni poniéndole la música de 50 sombras de Grey, pero a él....., por lo menos en la bici funciona).

Y aquí estamos en el puente (esta vez mi sombra de Grey no sale)

Después de evacuar y de reponer nos dirigimos por nuestra senda favorita hacia Cañada Gil, buscando un recorrido que nos llevara de vuelta entorno a las 19:30, para que José Luis pudiera llegar a tiempo al teatro. Así que elegimos ir por Fernández Arévalo (y aproveché para contar su historia a José Luis y Mónico, mis acompañantes  en esos kilómetros) hasta el cruce del furgón y de allí a la puerta de Cañada Gil. No estaba Jesús, con lo cual nos libramos de que nos quitara alguna barrita o algún cacho de chocolate (algún ingenuo quería pedirle una cocacola) y aprovechamos para hacernos alguna foto en su puerta. Los que más disfrutaron, Mónico (por lo de Cañada) y César, que no le compra ni papel hace un montón (no pongo su foto para que el Cidoncha no le pille)



De regreso hacia el pueblo, alguno hablaba de ardor guerrero, sin haber hecho la mili (el de la viagra para ¿canarios?, ¿qué habrá comprado?), otro cantaba cosas de cuando era de las COE, y el resto seguíamos a Seguí y a Paco Ayuso, algunos a la distancia, que empezaban a cansarse del ritmo cansino que llevábamos.
Y así hasta llegar al alto de Los Guzmanes. Mientras algunos llegábamos, a Seguí le dio tiempo a subir dos veces,con plato mediano, y a los demás a alcanzar las 170 pulsaciones sin mucho esfuerzo. En el alto merendilla de nuevo: Paco Ayuso una bomba casera que ha preparado, el José Antonio unos higos pasos bien pasados que compró en Navidad en mercadona y que no sabe a quien colocárselos (¿al canario, a ver si...?), José Luis comida para periquitos por partida doble (no sé por qué, nadie le pide ni un cachito; cómo no sea el canario del Jose...), Mónico estrenó el glucosport y una barrita por si no funcionaba (cuesta abajo no le dio resultado,porque el recuerdo de la cabra flotaba en el ambiente), Seguí unos bombones que ofreció con salero, pero que se comió de un bocado, el Contreras debía tener algo rico porque se fue a comer bien lejos de todos y Cesar, el campeón de la merendola, sacó su navaja y una manzana y la peló tan ricamente como si estuviese en las pascuas.



Y de aquí pa casa que se hacía tarde, no sin antes adelantar a Mónico, que de despacio que quería bajar parecía que subía (la cabra, la cabra, la p. de la cabra) y recibir un buen susto del Contreras, a quien lo verde del campo y las flores de las jaras que empiezan a aparecer debían recordarle las maniobras de cuando era COE y al grito de <¡¡¡HOSTILIDADES!!!> no paraba de atacarnos.
El final de etapa, el previsto: después de mandar a Rafa a calentar un poco a Seguí, largo spring que terminó como tenía que terminar:todos felices y tan amigos en espera de la próxima.
Otra buena tarde y en buena compañía. Pa la próxima, esperamos a Emilio, pero si no viene.....

Casi se me olvida: en Los Guzmanes, unos de los nuestros, que este curso todavía es tecnólogo y que no es Seguí, se lió a patadas con un par de conejos gemelos y los quedó un poco más tiesos de lo que estaban. Para un par de bichos que vemos....

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